Tras la defensa de la tesis doctoral, en medio de una invasión de abrazos de gente querida, recuerdo con especial cariño unas palabras que me susurró mi amiga Chabela al oído: “La tesis solo es el comienzo, ahora empieza lo duro y te toca luchar”. ¡Qué razón tenía! Ese día decidí pasar de puntillas y unirme a la fiesta: “Déjame disfrutar del día y mañana ya se verá”, le dije. Y el mañana llegó, más duro si cabe de lo que presagiaba Chabela.

Hoy en día, si tienes el doctorado puedes tener la suerte de impartir clase como profesor colaborador o asociado en la Universidad, si es que actualmente trabajas como profesional de la materia, aunque cada vez es más frecuente que se requiera la acreditación. ¿Y esto qué es? Es el siguiente paso en la carrera académica, tras la tesis doctoral. Este título lo expiden las agencias de evaluación de calidad, nacional (ANECA) y regionales (como la ACSUG o la ACSUCYL) y se exige a los doctores cuando quieren acceder a puestos de docente en el sistema de educación superior. Este certificado evalúa el perfil de los candidatos para velar por la calidad de la docencia en las universidades españolas. Por esta razón, la Universidad contrata a profesores que estén acreditados.

El camino para la acreditación se hace largo y duro. Y Chabela, profesora titular en la Universidad de Salamanca, lo sabía. Para obtener este título se tiene en cuenta la actividad investigadora (publicaciones en revistas de impacto, principalmente en JCR y Scopus, la asistencia a congresos, ponencias, patentes, etc.), la actividad docente (reglada, esencialmente), la formación académica, las estancias de investigación en el extranjero (mínimo de tres meses), la actividad profesional y la experiencia en gestión.

La acreditación se consigue con persistencia y sin desanimarse. La primera vez que la solicité, obtuve una evaluación negativa porque no llegaba al mínimo de actividad docente, aún teniendo la máxima puntuación en investigación. Resultaba terriblemente frustrante: para obtener la acreditación, debía dar clase; para dar clase, tenía que tener la acreditación. ¡Era de locos! Pero lo bueno -siempre hay una parte buena, desde luego- es que las agencias de calidad notifican en qué debe uno mejorar para acreditarse, así que me centré en el ‘cómo’.

Después de seis años en los que he compaginado el trabajo (periodista) con la docencia en posgrados en España y Latinoamérica, conseguí acreditarme al fin como Profesor Contratado Doctor y Profesor de Universidad Privada. Por supuesto, llamé a Chabela para contárselo.

Si vosotros estáis en esta situación, haciendo méritos y currículum para la acreditación, no desistáis y seguid trabajando duro. Al fin y al cabo, así es cómo se consiguen las cosas que realmente merecen la pena: con trabajo y constancia.