Artículo de Iria Vázquez Santiago

Coronavirus, brote, epidemia, respirador, mascarillas, distanciamiento social, cuarentena, vacuna… todos son términos a los que nos hemos familiarizado desde hace un año; un año ya desde que comenzamos a convivir con la Covid y con el cambio de vida que ha supuesto.

El impacto psicosocial que ha provocado el virus ha sido elevado, manifestándose en parte de la población sintomatología compatible con depresión, ansiedad, insomnio, percepción de soledad o estrés-postraumático, siendo los colectivos más vulnerables los sanitarios, mujeres, jóvenes y cuidadores dependientes o enfermos.

La resiliencia, la capacidad que tienen las personas para superar circunstancias traumáticas, es una de las claves para manejar este momento. Boris Cyrulnik, neurólogo y psiquiatra, ha desarrollado el concepto de resiliencia como un renacer del sufrimiento, escribiendo un ensayo titulado “Los patitos feos” (Ed.Gedisa), en el que nos ofrece su defensa de la reversibilidad de la experiencia vital, siendo un mensaje de esperanza ante las vivencias traumáticas.

Todos tenemos capacidad innata para ser resilientes, pudiendo seguir las siguientes recomendaciones como forma de incrementar esa resiliencia de base, que nos ayude a manejar la incertidumbre del momento actual:

  • Establecer y mantener relaciones de cercanía con familiares, amistades y otras personas importantes, aceptando ayuda y apoyo de los demás.
  • Evitar ver la crisis como un obstáculo insuperable, sacando un aprendizaje de la experiencia, interpretando de otro modo los hechos, con una visión menos pesimista respecto al futuro.
  • Aceptar que el cambio es parte de la vida, que las metas y objetivos esperados no siempre se mantienen y tener flexibilidad para adaptarlos a la nueva situación.
  • Moverse hacía las metas personales, marcándose pequeños logros de forma realista, que  acerquen a la dirección a la que se quiera ir.
  • Buscar oportunidades para descubrirse a sí mismo, crecer a nivel personal y conocer otros aspectos de uno desconocidos, saliendo de las zonas de confort habituales.
  • Cultivar una visión positiva de sí mismo, en la que se confíe en las capacidades para resolver problemas y conseguir logros, valorándose por ello.
  • Mantener la situación en perspectiva, buscando un contexto más amplio y a largo plazo como referencia para hacer valoración de lo ocurrido, evitando el agrandar o polarizar a la hora de enfrentar el evento.
  • Nunca perder la esperanza, visualizar de modo optimista los hechos para fomentar conductas y estados de ánimo en concordancia con el cambio.
  • Cuidarse uno mismo, buscando actividades que hagan sentirse pleno, ejercitando actividades placenteras y relajantes, manteniendo mente y cuerpo en sintonía, fomentando momentos de meditación o espirituales que ayuden a estar en paz.

La resiliencia sería como recorrer un río en barca, teniendo que sortear diferentes tipos de aguas y remolinos, aprendiendo a mantenerse estable sin volcar ni tragar agua. Es importante poder disfrutar del viaje en barca, parar por el camino y ver los paisajes, disfrutar de un momento de baño… Aprovechemos para aprender de este viaje al que nos ha trasladado la pandemia, de este momento único e histórico, dejando constancia de nuestro aprendizaje de vida y conocimiento personal con base en ello.

  Iria Vázquez Santiago

Psicóloga general sanitaria

Terapeuta de conducta