No hay nada nuevo bajo el sol, reza un dicho latino (nihil novum sub sole). El hecho de utilizar esta misma frase clásica es una demostración de que, efectivamente, utilizamos ideas dichas por otros autores con anterioridad.

En el trabajo de investigación, el doctorando lee y estudia a otros autores, teorías, propuestas o planteamientos de otros científicos o pensadores. Puede apoyarse en sus ideas, comentarlas, glosarlas, aclararlas o criticarlas. En cualquiera de los supuestos anteriores, deberá citarlas, referenciarlas.

Es normal utilizar las citas para argumentar, aportar datos y exponer qué se ha investigado en ese ámbito hasta ese momento. En el marco teórico, se estudian los antecedentes, en qué punto se encuentra el ámbito de investigación; en el epígrafe metodológico, se reseñan los aspectos de las metodologías que se usarán.

Muy importante son las reseñas de las tablas o ilustraciones, a las que dedicaremos un próximo comentario.

De uso menos frecuente es la crítica argumentada de lo que han dicho otros investigadores, aunque en el apartado de discusión, será algo común. En este caso, se exponen aquellos aspectos concordantes o discrepantes de otras investigaciones en referencia a los obtenidos en nuestra tesis.

Es habitual juzgar la antigüedad de los autores citados. En algunas disciplinas, como la Informática, una referencia de más de cinco años no suele estar bien vista, por ejemplo. Ahora bien, en otras ciencias o ámbitos de estudio esta norma es mucho más flexible.

Por último, debemos hablar de los tipos de citas. Existen dos tipos: citas directas o textuales o indirectas. Las primeras recogen una frase o conjunto de frases de un autor y están entrecomilladas; las segundas, hacen referencia al trabajo de otro autor a partir de nuestras palabras.

Cómo se abordan cada una de ellas será el tema de una próxima entrega.