En esta entrega vamos a abordar la citación directa, aquella en la que figuran entre comillas (“”) frases de otros trabajos elaborados por autores/as en los que nos apoyamos. También pueden ser citas propias de trabajos anteriores. Esto último debe hacerse siempre de forma muy justificada.

Así, en las citas directas hay dos elementos imprescindibles: la/s frase/s que figura/n entrecomillada/s y la referencia a la autoría. Estos dos elementos se combinan de diferentes maneras, según el énfasis que deseamos dar.

En primer lugar, hay que tener en cuenta la extensión. Las citas textuales de menos de 40 palabras figuran dentro de nuestro texto; las citas textuales de más de cuarenta palabras deben presentarse en un párrafo diferente (y cada revista marca unos márgenes y tamaños de letra específicos) y sin entrecomillar.

En segundo lugar, la referencia debe constar del apellido del autor o autores (el primer apellido o los dos primeros unidos por un guion), año de publicación y la página en la que se encuentra. Estos elementos suelen estar separados por el signo de puntuación de la coma (,); aunque también es necesarios comprobar si la revista ha cambiado una de las comas por los dos puntos; y si el número de página está antecedido por una “p.” o por “pág.”.

Ejemplo: Una sociedad, según Giddens (1998, 43-44), “es un sistema de interrelaciones que vincula a los individuos”. La referencia al autor puede anteceder o preceder a la cita, en función del estilo de escritura.

La referencia al apellido, fecha de publicación y página puede anteceder a la cita, como en el ejemplo anterior. En este caso, la observancia de las pautas gramaticales debe coherente entre la introducción y la cita. Cada vez más, es habitual que la referencia a las páginas se indique al final de la cita entrecomillada:

Ejemplo: Una sociedad, según Giddens (1998), “es un sistema de interrelaciones que vincula a los individuos” (43-44).

En este caso, no hace falta indicar que hablamos de la página. Por tanto, la referencia al autor puede anteceder o preceder a la cita, en función del estilo de escritura.

Las citas de más de 40 palabras suelen presentarse con sangría, y si tuviera más de un párrafo, cada nuevo, también.

Como en las citas de menos de 40 palabras, la referencia a la fuente puede anteceder o indicarse después de la cita.

Ejemplo:

De hecho, autores como Palacios afirman:

Se puede decir que la poderosa, precoz y eficaz maquinaría de procesamiento que poseen los bebés, está particularmente predispuesta a la interacción humana, y en particular a la interacción con los otras más significativos. La filogénesis ha dejado así en las prescripciones del código genético propio de nuestra especie un conjunto de mecanismos perceptivo-atencionales que facilitan enormemente la adaptación del niño pequeño a su contexto natural (1992, 68).

Debemos considerar los siguientes aspectos:

  • La reproducción debe ser literal y si contuviese algún error se indicará entre corchetes [] la indicación “sic”: [sic].
  • Si es el investigador quien las ha traducido, conviene indicarlo con una nota al pie de página.
  • Si se ha acortado la frase porque se omite material se indica entre paréntesis con puntos suspensivos (…) o corchetes con puntos suspensivos […].
  • En caso contrario, añadir material, tal como una aclaración, se hará exclusivamente entre corchetes y nunca entre paréntesis.
  • Conviene guardar una coherencia sintáctica y de presentación ortográfica, de tal manera que la cita puede comenzarse con minúscula aun cuando en el original esa misma frase arranque con una mayúscula.
  • Por último, si deseamos enfatizar algo, mediante una cursiva o negrita, se indicará al finalizar la cita con la expresión: [cursivas añadidas]. Esto significa que no es el autor al que citamos el que colocó ese énfasis, sino nosotros.